Me robé una rosa roja la única,
la llavé a mi jardín y la planté ahí,
le obsequie agua, abono un poco de sol;
ella gentilmente sus pétalos abrió,
yo seguí hostinada, le quité algunas espina,
deshoje sus pétalos que creí marchitos
la cubrí con sombra y la alejé del viento,
pasaron días, la hermosa flor desapareció,
en su lugar una pequeña rama triste
que permaneció conmigo hasta su último aliento...
Me robé una rosa roja la única,
la cargaré por siempre ...
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